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¿Qué es lo que comes todos días? Alimentación sana

¿Qué es lo que comes todos días? Alimentación sana

Hoy en día cada vez son más las personas diagnosticadas con diabetes, hipertensión, cáncer, obesidad, ansiedad, depresión y niños con síndrome de déficit de atención (DDA). Una Dieta deficiente (en antioxidantes, enzimas, minerales y muy rica en azúcares simples, grasas, harinas refinadas, lácteos y carnes  en exceso) es una de las principales causas.

Poco tiempo para cocinar, malos hábitos alimentarios, creencias culturales y sociales, largas jornadas laborales y confiar ciegamente en lo que la industria alimentaria nos ofrece. Comemos lo que nos dicen,  lo que nos brinda el mercado y lo que le conviene por rentabilidad y fácil producción. Productos light, descremados, 0% grasas trans y colesterol, bebidas que destapan felicidad y  productos que nos dan energía para seguir a lo largo del día, todo eso es lo que solemos ver en el frente del envoltorio. En su presentación, su lado visible. Pero al darlos vuelta y leer sus ingredientes, nos encontramos con otra verdad: edulcorantes, jarabe de maíz de alta fructosa, aceites hidrogenados, aceite de girasol alto oleico, resaltadores del sabor como el glutamato monosódico , emulsionantes como lecitina de soja, aditivos, conservantes, acidulantes, etc. Nada real. Es un gran cóctel de azucares refinados, grasas trans, aditivos y conservantes  artificiales que nada tiene que ver con la salud y nutrición de nuestro cuerpo.

¿Cómo puede ser que cualquier barra de cereal comercial de 25 gramos contenga en su elaboración más de 45 ingredientes? Cuando en su receta original sean cinco:  avena arrollada, miel, algunas semillas como girasol, chía, amaranto  y si queremos pasas de uva. Hay que dejar de ver la tabla nutricional con sus Kcal y comenzar a ver los ingredientes, esos que figuran en el envoltorio con una letra muy chiquita, ¿será casual? Leelos, informate sobre su procedencia investigá, cuáles son esos aditivos que estas ingiriendo todos los días.

Hoy día en el mundo de la comida rápida, donde todo se  obtiene al instante, transitamos el paradigma de lo descartable en donde todo carece de valor, incluso lo que comemos. La relación con la comida se ha vuelto confusa. Varios de nosotros perciben como extraños a los alimentos que nos ofrece la madre naturaleza, consumir alimentos frescos, sin un envoltorio, parece de alguna forma extraño y principalmente feo, sin sabor, aburrido. Las enfermedades que produce una dieta desequilibrada se han desarrollado de tal manera que se conciben como una parte inevitable de la vida, pero así, como nosotros mismos somos los que gestamos las enfermedades, también nosotros mismos las podemos desterrar de nuestro cuerpo.

¿Desde cuándo se volvió tan ineficiente el ser humano para tener que tomar un producto para poder ir al baño, otro para bajar el colesterol, otro para  evitar la osteoporosis u otros para evitar los síntomas  del  “síndrome pre menstrual” o del climaterio?. ¿No tendrá más que ver con un buen trabajo de marketing, que deviene de la necesidad de la industria por vender cada vez más  productos, creando así una necesidad ficticia y al mismo tiempo alejada de lo que el organismo necesita?

No comemos únicamente por el solo hecho de  alimentarnos, comemos cuando estamos felices, para celebrar, para compartir con seres queridos, para recordar ciertos sabores y aromas de nuestra infancia,  platos que nos transportan a ese  momento de nuestra vidas . También comemos cuando estamos tristes, angustiados, ansiosos por lo que viene o por lo que se fue. La comida es el placer mas a corto plazo y nos gratifica al instante. Comer en exceso es una forma de tapar todos estos sentimientos y  de escondernos. Comemos también por patrones culturales y sociales. Todos comemos y varias veces al día y esas pequeñas decisiones, aunque no lo veamos a simple vista, tienen un gran efecto en nuestra salud, en nuestro estado de ánimo, en nuestro cuerpo, en nuestro ser y en nuestro ecosistema. Dejemos de elegir  todos los días la bolsa, el paquetito, el pote, o la lata y comencemos a elaborar nuestros propios alimentos. Cocinemos mas. El tiempo es una excusa, son solo 30 min y es super gratificante. Cocinemos con amor, para nosotros, para tu pareja, para tus amigos, para tus padres y para tus hijos, inculcales el hábito. Siempre lo más rico es lo que comemos en nuestra infancia, es lo que recordamos y nos genera pertenencia. Al cocinar abramos nuestros sentidos, sus ruidos, sus olores, sus transformaciones. Visualicemos todos los colores, sintamos en nuestro paladar las distintas texturas. Re-eduquemos nuestro paladar. La variedad de gustos y las combinaciones son infinitas, dale tu toque especial, tu creatividad. Consumí mas cereales enteros, como la cebada, el mijo, la quinoa, la avena, legumbres como garbanzos, porotos alubia, aduki, tape, pallares, semillas como la chia, amaranto, sésamo, nueces y almendras frutas y verduras de todos los colores y gustos. Si consumís carnes, hacelo con consciencia, que no sea lo principal en tu plato. Disminuí el consumo de lácteos y derivados si lo haces todos los días y  varias veces al día. No utilices siempre los mismos condimentos, hace que  circulen en tus comidas, olvidate  de la pimienta, la sal y el orégano por unos días. Proba nuevos condimentos: curry, cilantro, anís, canela, hinojo, comino, cardamomo, jengibre, albahaca etc. Comidas ricas y sabrosas estimulan a nuestras enzimas y jugos digestivos para lograr una buena digestión y asimilación de los nutrientes en nuestro organismo.  Experimentalo y compartí tu experiencia. Tomá consciencia de tu alimentación, cuales son los alimentos que nutren tu cuerpo a diario y cuáles son los que debes consumir de vez en cuando. Te llenarás de energía y vitalidad, los cambios se verán a simple vista.  Hoy es el día para comenzar, ojalá no necesites la suerte.

 Fernanda Sarro.

Lic. En Nutrición.

 

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